Un por qué que no tiene razones.

Ahora es fácil sentarme delante de una fría pantalla, como la noche que nos encontramos sin buscarnos, y analizar en mi mente una y otra, y otra vez lo que pasó. Pero quiero seguir hablando con vos, no sé por qué. En ciertos momentos te extraño, tampoco sé por qué. Y te escribo aunque no lo vayas a leer.

Y no sé -ni me interesa descubrir- por qué. 

(via smalleternal)